- Le disparé - dijo Ignacio con una cara de miedo mortal - le disparé de espaldas.
El cuerpo sintió la bala haciendo un agujero en la piel, metiéndose y agujereando. Un pedazo de cobre que traspasa y trae fin. El invento útil de la humanidad en las manos de Ignacio. El Humano que dispara, que se acerca al otro humano frío y viendo los ojos marchitarse, bebiendo los colores azules que presenta el entregarse al caos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario