miércoles, 12 de octubre de 2011

Para preparar más de dos cuentos en una hora es necesario tener lo siguiente: dos cuentos en menos de una hora. Para caminar hace falta lo siguiente: caminar. Para ver las personas pasar despreocupadas por la calle mientras llueva hace falta: ver, las personas pasar, que estén despreocupadas, y que llueva.
En el ultimo ejemplo de este "relato" de estúpido humor moderno encontramos lo siguiente.

1) El Jueves pasado en la ciudad de Ringladesh (India) no llovió pero la gente caminaba despr
entonces las cuestiones son las siguientes, que, pero, ¡no no! ( 'No' dice el personaje secundario, el principal agita la mano mientras saluda a una bella mujer que pasa so
no es mejor perder nada, no es más mejor que menos mejor las mejores de los mejores.
y la diva
g
a
ción.
Unhermosotoromarrónqueseapoyasobrepastosquealolejosparecenverdesperoson,enrealidad,deunhermosoazulquenuncaseacabanuncaseacabanunacabanunnunnuntarara.


Capítulo I:

Aldolfo presenció de cerca todo el espectáculo, presenció de cerca todo el culo de Especta, la azafata rumana del avión donde viajaba.

Capítulo II:

Los ceniceros flotantes tan llenos de ácido de cigarrillo, de humo incrustado como luciendo diamantes, nos sonríen y provocan la mirada de fin puro y sexual. Así mismo los ruidos del viento golpeando, del frío entrante impregnado en las piernas, del agua caliente encerrada en algún edificio metálico al lado del suntuoso (quetuleladjetivo) cenicero que mira, por debajo, por lo bajo a a a Adolfo.
Te estoy hablando, mirame a los ojos, o mejor mirame los ojos, ¿ves?

Capítulo III:

Al prender el fuego, cenizas caen y tu rostro se apaga por el brillo del instante incendiado. ¿Que?
Que prendo un pucho, veo el fueguito y se me queda así como grabado y no veo un carajo.

Capítulo IV:

De la suposición (o del supositorio) sólo se encuentran grandes árboles marrones llenos de hojas de alguna plaza provinciana y metida en el continente de aguas llamadas mares que son verdes como puntas de piedra con anteojos oscuros que miran, como de un balcón la gente pasando y caminando con sus pantalones anchos y zapatillas raras coloreadas sobre veredas que también son vederas, siempre cuadradas, cantando al ritmo de la cadencia del poeta marica que nunca fue y nunca será, y nunca.

Y Rimbaud me sopla desde el fondo de la clase que La visión instantánea que nos hace descubrir lo desconocido, no en una lejana tierra incógnita, sino en el corazón mismo de la inmediato

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